Por la noche rompí mis labios, el infortunio de esperar el futuro para saber si alguna vez podré tocar los tuyos, besarlos y luego sonreír como dos adolescentes enamorados me ha ganado.

Ver tu silueta por la mañana caminar de forma sencilla, mientras el viento engalana tu existir, alegra mi tristeza diaria, y te miro tras el cristal que acumula y guarda las ganas de correr a ti.

Disimular es sencillo mientras no estás, pero después, durante el día, te paras frente a mi y mi corazón late como si hubiese bebido 1000 cafés, y no puedo ocultarlo así.

Alguna vez soñé contigo, te besaba y tú, tú sonreías, desde entonces cada noche duermo con la esperanza, de volver a encontrarme, en sueños, por lo pronto, con ese sabor a ti.

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Corazones ardiendo, campanas sonando, el amor quema todo, rápido y al paso. Un suspiro en la ventana, sin razones al galope ¿Mirarás el mismo cielo nocturno que yo? El rojo de mi cigarrillo, acicala mi inerte piel ¿Acaso eres tan real cómo suena tu dulce voz?

Espero puedas perdonar la imprudencia de mi hablar, algunas cosas que deberían cambiar, los fantasmas siguen bajo mi fe, debo confesar nunca he sido un santo, me he ensuciado al caminar. Pero al verte entrar, con un verano sobre tu piel, aún no tengo justificación: “¿Puedo robar tu corazón?”

Corazones ardiendo, campanas sonando, el amor quema todo, rápido y al paso. Ha sido un largo caminar, las penumbras me hicieron caer, el pasado quedó atrás, ahora ya he llegado hasta aquí, hasta el borde de tus pies, ¿Será rápido pedir? “¿Puedo verte sonreír?”

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